Hay un pez que, en su río
nada ajeno a la corriente.
Arriba y abajo. Abajo y arriba.

Descubre otros peces,
brillantes aparentes.
Adora rozarse con peces relucientes.

Pero son anzuelos
que miran fijamente al río.
Y se pincha. Y sangra.

Y sigue nadando,
al fin y al cabo es un pez.
Y olvida.